Seguridad en Centroamérica

Hablar de los desafíos de la seguridad en Centroamérica, es referirse a políticas concretas para que la ciudadanía se proteja frente a la delincuencia.

La urbanización creciente, los cambios demográficos y en las comunicaciones, la geopolítica del narcotráfico, han engendrado formas nuevas de delincuencia, y estas requieren de respuestas sociales activas por parte de la ciudadanía que, mediante la participación, debe asegurarse su protección.

La seguridad en Centroamérica debe referirse también a los enfoques erróneos de la cuestión, que logran que la ciudadanía continúe aún más desprotegida frente al fenómeno de una delincuencia multiforme.

La delincuencia no es homogénea; existen diversas situaciones subregionales. El fenómeno es, sin embargo desigual. Los países del norte del istmo muestran una delincuencia más intensa, mientras que en el sur, las dimensiones son menores. Tratar a toda la región de manera uniforme es un serio error de política pública.

La delincuencia no se origina únicamente en el narcotráfico, sino que surge de sociedades desiguales desde siempre y con la pesada herencia de los conflictos político-militares de décadas anteriores.

No toda la delincuencia es violenta y organizada; una gran porción tiene carácter patrimonial y se origina en los procesos de marginación económica y pobreza. Otra surge del resentimiento y deseos de venganza que provocan sociedades cada vez más marcadas por los contrastes entre la extrema riqueza y la extrema pobreza.

Hablar de seguridad en Centroamérica, es también refutar cuidadosamente una serie de mitos que sirven de apoyo para políticas de seguridad que no tienen nada de democráticas y que prefiguran o configuran los rasgos de Estados nuevamente autoritarios o en continuidad con el autoritarismo del pasado.